

184 productos para perros.
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El cepillado no es estética. En un perro de pelo largo, el nudo que no se deshace acaba tirando de la piel y creando una herida debajo que no se ve hasta que huele.
No del tamaño del perro, que es como se elige casi siempre.
Una carda —el cepillo de púas finas y anguladas— desenreda y es la herramienta base del pelo largo. Un rastrillo deslanador está pensado para las razas de doble capa: atraviesa el pelo exterior y saca el subpelo muerto, que es de donde viene la mayor parte del pelo suelto por casa.
Un peine metálico es el que de verdad comprueba el trabajo: encuentra los nudos que el cepillo ha esquivado, sobre todo detrás de las orejas, en las axilas y en la parte trasera de los muslos.
En época de muda, un deslanador retira en una sesión lo que de otro modo se reparte por el sofá durante semanas.
Usa siempre uno específico para perro. Su piel tiene un pH distinto del nuestro, y el champú humano se lo altera y se la deja seca.
Sobre la frecuencia: cada uno o dos meses es suficiente para un perro sano. Bañarlo cada dos semanas arrastra la grasa natural que protege la piel y suele generar más problemas de los que resuelve. Si se ensucia, el agua sola o una toallita cumplen la mayoría de las veces.
Hay champús con función concreta —para pelo blanco, para piel sensible, repelentes con citronela— y conviene enjuagar a fondo: los restos de producto son una causa frecuente de picor tras el baño.
Tijeras, máquinas y cuchillas para quien corta en casa. Si es tu primera vez, dos avisos que ahorran disgustos: las cuchillas se calientan con el uso y hay que comprobar la temperatura con la mano antes de apoyarlas, y el pelo apelmazado no se corta, se retira antes con cepillo.
Puedes filtrar por marca y precio, y navegar entre cepillado, champús y peluquería.
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No conviene. La piel del perro tiene un pH distinto del nuestro y el champú humano se lo altera, dejándole la piel seca y más expuesta a irritaciones. Los champús específicos están formulados para ese pH.
Menos de lo que se suele pensar: cada uno o dos meses basta en un perro sano que no se ensucia especialmente. Bañarlo con demasiada frecuencia arrastra la grasa natural que protege su piel. Entre baños, el cepillado hace la mayor parte del trabajo.
Depende del manto, no del tamaño. Una carda desenreda el pelo largo, un rastrillo deslanador saca el subpelo muerto en las razas de doble capa, y un peine metálico es el que de verdad encuentra los nudos que el cepillo esquiva. Muchos perros necesitan dos herramientas, no una.
Las razas de doble capa renuevan el subpelo dos veces al año, en primavera y otoño, y sueltan una cantidad enorme en pocas semanas. Un buen deslanador retira en una sesión lo que de otro modo acaba repartido por la casa durante un mes.