Comederos y bebederos para perros

64 productos para perros.

64 productos

Dónde come y dónde bebe. Parece lo más simple del catálogo y tiene un par de decisiones con consecuencias reales.

El comedero y el bebedero son los dos objetos que tu perro usa todos los días sin excepción, así que la decisión de fondo es de higiene: el acero inoxidable no retiene olores ni se raya, la cerámica pesa lo suficiente para no moverse, y el plástico envejece mal. A partir de ahí hay dos ajustes que resuelven problemas concretos: la altura, útil en perros grandes o con molestias cervicales, y los comederos antivoracidad para quien come demasiado deprisa.

El material importa

Es donde come todos los días, así que la higiene manda.

Acero inoxidable. La opción sensata: no retiene olores, aguanta el lavavajillas y no se raya. Si tu perro empuja el cuenco, busca uno con base de goma.

Cerámica. Pesa lo suficiente para quedarse quieto, que es su gran ventaja con perros que persiguen el cuenco por la cocina. Se limpia bien; se rompe si cae.

Plástico. El más barato y el que peor envejece: se raya, y en esas ranuras microscópicas se acumula bacteria. En algunos perros se asocia además a dermatitis del hocico por contacto.

Independientemente del material, mira el tamaño y el fondo: un cuenco demasiado profundo y estrecho obliga a un perro de hocico corto a meter media cara, y uno demasiado ancho hace que el pienso acabe por el suelo.

Y lávalos a diario, no solo cuando se ven sucios. Un comedero de perro acumula restos de grasa que se notan al tacto antes que a la vista.

Comederos elevados: cuándo sí

Ayudan a perros grandes y a los que tienen molestias cervicales, porque no les obligan a bajar la cabeza hasta el suelo en cada bocado. Para un perro pequeño no aportan nada.

Conviene ser preciso con algo que se repite mucho: no está demostrado que prevengan la torsión gástrica. Se recomendaron durante años por eso y la evidencia no lo respalda. Cómpralo por comodidad postural, que sí es un motivo válido.

La altura correcta es la que le deja comer sin estirar ni bajar el cuello: más o menos a la altura del pecho, por debajo de los hombros. Un soporte demasiado alto es peor que ninguno.

En perros con problemas cervicales o de movilidad merece la pena probarlo; si notas que come más cómodo, se queda. Y si tienes dudas por una patología concreta, pregúntalo en consulta antes de cambiarle la postura.

Si come demasiado deprisa

El problema es real, no una manía. Tragar aire con la comida provoca molestias digestivas y, en razas grandes de pecho profundo, es uno de los factores asociados a la torsión gástrica.

Un comedero antivoracidad —con relieves o laberinto— le obliga a rodear obstáculos y multiplica el tiempo de la ingesta. Un juguete dispensador consigue lo mismo y además le entretiene.

Empieza por un relieve suave: un laberinto muy cerrado de entrada frustra a algunos perros, que acaban volcando el cuenco. Y comprueba que se pueda limpiar bien, porque los recovecos que ralentizan la comida también retienen restos.

Si en casa hay varios perros, dales de comer separados. Buena parte de las prisas al comer viene de competir, y ningún comedero arregla eso.

El agua

Capacidad suficiente para el día y, sobre todo, limpieza. Esa película resbaladiza que aparece a las pocas horas es biofilm: una capa de bacterias. No se va cambiando el agua, hay que fregar la superficie.

Muchos perros beben menos de un recipiente con biofilm, y en verano eso pesa.

Ten más de un bebedero si la casa es grande o tiene varias plantas, y ponlos lejos del comedero y del sitio donde duerme. En verano, uno a la sombra en la terraza o el jardín.

Para el paseo, las botellas con cuenco integrado resuelven el problema de darle agua fuera de casa sin llevar dos cosas.

Y vigila los cambios: un perro que de pronto bebe mucho más o mucho menos de lo habitual es motivo de consulta veterinaria, no de cambiar el cuenco.

Cómo está organizado esto

Puedes filtrar por tamaño, marca y precio. Los juguetes dispensadores están en juguetes.

Actualizado el

Preguntas frecuentes

¿Qué material es mejor?

El acero inoxidable: no retiene olores, aguanta el lavavajillas y no se raya con facilidad. El plástico se raya con el uso y en esas ranuras microscópicas se acumula bacteria difícil de eliminar. La cerámica tiene la ventaja de pesar lo suficiente para que el perro no la empuje mientras come.

¿Sirve de algo un comedero elevado?

En perros grandes y en los que tienen molestias cervicales sí, porque evita que bajen la cabeza hasta el suelo en cada bocado. Para un perro pequeño no aporta nada. Y no lo compres pensando que previene la torsión gástrica: se recomendó durante años por eso y la evidencia no lo respalda.

Mi perro come demasiado rápido, ¿qué hago?

Un comedero con relieves le obliga a rodear obstáculos para alcanzar la comida y multiplica el tiempo de la ingesta. Comer muy deprisa hace que trague aire, lo que provoca molestias digestivas y, en razas grandes de pecho profundo, es uno de los factores asociados a la torsión gástrica.

¿Por qué el bebedero se pone resbaladizo?

Es biofilm, una capa de bacterias que se forma en cuanto el agua lleva unas horas. No basta con cambiar el agua: hay que fregar la superficie. Muchos perros beben menos de un recipiente con biofilm, y eso importa especialmente en verano.