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Un acuario no es un recipiente con agua: es un sistema biológico pequeño y bastante estable una vez arranca, y bastante frágil mientras arranca. Casi todo lo que sale mal al empezar sale mal por prisa. Aquí tienes lo que hace falta para montarlo y para mantenerlo.

Antes que nada: el ciclo del nitrógeno

Si te quedas con una sola idea de esta página, que sea esta.

Los peces excretan amoníaco, que es tóxico incluso en cantidades pequeñas. En un acuario establecido hay dos grupos de bacterias que lo procesan: unas convierten el amoníaco en nitrito, todavía tóxico, y otras el nitrito en nitrato, mucho menos dañino y que se retira con los cambios de agua.

Esas bacterias no están el primer día. Colonizan el material filtrante a lo largo de varias semanas, y hasta entonces el acuario no puede sostener población. Meter peces en un acuario recién montado es meterlos en su propio amoníaco.

La única forma de saber dónde estás es medir. El agua puede verse transparente y estar cargada. Un test de amoníaco y otro de nitrito valen más al principio que cualquier otro accesorio: el acuario está listo cuando los dos dan cero de forma sostenida y aparece nitrato.

Los productos con bacterias de arranque aceleran ese proceso, pero no lo sustituyen.

El filtro es el corazón, y no solo por limpiar

Un filtro hace tres trabajos: retiene la suciedad en suspensión, absorbe algunos compuestos disueltos y —el más importante— aloja las bacterias del ciclo.

De ahí sale la regla de mantenimiento que más se incumple: el material filtrante biológico no se lava con agua del grifo. El cloro elimina justo lo que ese material tardó semanas en criar. Se aclara con suavidad en el agua que acabas de sacar del acuario en el cambio.

El caudal debe encajar con el volumen y con los peces: un caudal excesivo agota a las especies de aguas tranquilas.

Agua: acondicionar siempre

El agua del grifo lleva cloro o cloramina. Es lo que la hace potable para nosotros y lo que daña las branquias de un pez y la población bacteriana del filtro.

El acondicionador lo neutraliza y se usa siempre: al montar y en cada cambio parcial. Deja también que el agua nueva alcance la temperatura del acuario antes de añadirla.

Mantenimiento: poco y constante

Un cambio parcial semanal, en torno a una cuarta parte del volumen, sifonando el fondo a la vez para retirar los restos acumulados en la grava. Eso es casi todo.

Los cambios totales, que intuitivamente parecen más limpios, son peores: arrastran la población bacteriana y devuelven el acuario al punto de partida.

Luz y plantas

La iluminación cumple dos funciones distintas: que veas el acuario y que las plantas fotosinteticen. Si vas a llevar plantas, la luz es un requisito técnico, no estético, y el exceso de horas encendida es la causa habitual de las algas.

Las plantas naturales compiten con las algas por los nutrientes y consumen parte del nitrato, así que ayudan al equilibrio además de al aspecto. Las artificiales no dan ese servicio, pero no exigen luz ni abono.

Decoración con criterio

La grava y las rocas son también superficie donde se asientan bacterias, así que no son solo estética. Los escondites reducen el estrés de las especies tímidas, y en acuarios con territorialidad, romper la línea de visión evita buena parte de los conflictos.

Enjuaga bien cualquier elemento antes de meterlo, y evita lo que no esté pensado para acuario: hay materiales que alteran la dureza o el pH del agua.

Comida: menos de la que parece

Sobrealimentar es la otra mitad de los problemas de un acuario nuevo. Lo que no se come se descompone y vuelve al ciclo como amoníaco.

La referencia práctica es dar lo que consuman en un par de minutos, una o dos veces al día, y retirar lo que quede flotando. Varía el tipo de alimento según las especies: los que comen en superficie y los que rebuscan en el fondo no se alimentan del mismo modo.

Cómo está organizado esto

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Preguntas frecuentes

¿Puedo meter peces el mismo día de montar el acuario?

No, y es el error más común al empezar. El acuario necesita varias semanas para que se establezcan las bacterias que transforman los residuos: primero amoníaco, luego nitrito y finalmente nitrato, mucho menos tóxico. Meter peces antes de que ese ciclo esté hecho es lo que hay detrás de la mayoría de muertes de los primeros días.

¿Cómo sé que el acuario ya está listo?

Midiendo. Está maduro cuando el amoníaco y el nitrito dan cero de forma sostenida y aparece nitrato. No se puede saber mirando el agua, porque el agua puede verse perfectamente transparente y estar cargada de amoníaco: hace falta un test.

¿Por qué no se puede usar agua del grifo directamente?

Porque lleva cloro o cloramina para hacerla potable, y eso daña las branquias de los peces y mata las bacterias del filtro. Se corrige con un acondicionador antes de añadirla, tanto al montar como en cada cambio de agua.

¿Cada cuánto hay que cambiar el agua?

Lo habitual es un cambio parcial semanal, en torno a un cuarto del volumen, sifonando el fondo a la vez. Los cambios totales no son mejores: retiran también la población bacteriana que mantiene el equilibrio y obligan al acuario a empezar casi de cero.

¿Se puede lavar el filtro con agua del grifo?

Es mejor no hacerlo. El material filtrante aloja las bacterias que mantienen el acuario en marcha, y el cloro del grifo las elimina. Se aclara suavemente en el agua que acabas de retirar del propio acuario durante el cambio.